Postura crítica

Mi obra se articula en torno a una pregunta persistente: ¿qué operaciones hacen que algo pertenezca a un lugar mientras otra cosa queda fuera? Parte de la convicción de que los límites materiales y simbólicos no solo organizan el espacio, sino que producen formas de subjetividad y determinan nuestra relación con la intimidad, la pertenencia y el otro. Trabajo desde la pintura, en diálogo con la escultura, la fotografía y el objeto, entendiendo estos medios como dispositivos capaces de producir experiencia antes que de representar; espacios donde la materia, la imagen y el gesto permiten interrogar las estructuras que configuran nuestra manera de habitar el mundo.

La casa, la reja, la ventana, el archivo,y los objetos domésticos aparecen como distintas tecnologías de delimitación. Todas ellas establecen un borde desde el cual algo puede ser protegido, observado, recordado o excluido. Más que objetos, son operaciones que separan y conectan, protegen y exponen, permiten el acceso o lo restringen, determinan qué permanece visible y qué queda oculto. Entendidos desde esta perspectiva, estos dispositivos revelan los mecanismos mediante los cuales se producen tanto el espacio como la experiencia psíquica.

Mi proceso se desarrolla mediante operaciones de acumulación, desplazamiento, veladura, fragmentación y ensamblaje, que reorganizan imágenes, objetos y espacios para producir nuevas relaciones entre ellos. De estas operaciones emerge un paisaje psíquico que no pertenece al interior del sujeto, sino que se constituye allí donde el cuerpo entra en relación con los objetos, las imágenes y las arquitecturas que organizan su experiencia.

La pintura ocupa un lugar central dentro de mi investigación actual porque comparte la lógica de los dispositivos que examino. No la concibo como un medio de representación, sino como una tecnología de delimitación en sí misma. Como una reja o un umbral, establece una distancia entre el cuerpo y la imagen; deja ver mientras oculta, promete un acceso que nunca es completo y convierte el límite en el lugar mismo de la experiencia.

En una época atravesada por dispositivos de clasificación, vigilancia y acceso, estas operaciones exceden el espacio arquitectónico y participan activamente en la construcción de la experiencia contemporánea. Mi obra no se organiza por un repertorio de objetos, sino por un conjunto de operaciones que reaparecen en distintos materiales y contextos. Cada obra se concibe como un umbral; un espacio donde las categorías de interior y exterior, presencia y ausencia, intimidad y exposición dejan de operar como oposiciones estables para convertirse en condiciones abiertas de la experiencia. Más que describir esas fronteras, mi práctica busca poner en crisis los mecanismos que las producen y las formas en que determinan nuestra manera de habitar, mirar y pertenecer.